Lo dice David X. Cohen (co-creador de Futurama) en Wired, y Russell Davies lo recoge al vuelo :

“The operating principle of Futurama was that you can do a joke that 1percent of the audience gets, as long as it doesn’t derail the enjoyment of the mass audience,” Cohen says. “And that 1 percent becomes a fan for life.”

Es uno de los viejos temas de debate entre agencias y clientes: ¿En qué momento una idea rica pasa a ser incompresible? ¿Cuando una ejecución da valor al visionado múltiple, y cuando crea una barrera inicial imposible de superar? Difícil respuesta, y menos en el plano teórico.

Sin embargo, “una pequeña cosa” llamada Internet nos da nuevas claves para, al menos, plantear escenarios distintos a los habituales. En la era de la tele en familia, la del visionado único y aislado, el que no lo cogía de entrada, no lo cogía nunca. No había segundas oportunidades y, aunque las hubiera, si un tipo de información quedaba fuera de la órbita de amigos/familia, quedaba fuera de nuestra posible comprensión. ¿Os acordáis de las enciclopedias? Eran esa cosa pesada y voluminosa que nuestros padres nos compraron para que sacáramos mejores notas y que, se suponía, contenía el saber universal en cómodos plazos de pago.

Mi primera y única enciclopedia quedó obsoleta a nivel geográfico en 6 meses. Es el problema del mundo, que no se está quieto el maldito.

Unos diez años atrás, una broma dirigida al 1% de la población era comprendida por el 1% de la población.  Hoy, un festival de referencias cinéfilas dirigido a suscriptores del Cahiers Du Cinema trasmite ese conocimiento al 99% restante:

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Antes se comunicaban mensajes que llegaban o no. Ahora se comunica conocimiento a todo aquél que desee encontrarlo.