Los chicos del Colectivo Planer se medio escandalizan con esta entrada en el muy divertido (y necesario) blog “I Am The Client” . Yo personalmente estoy al 100% de acuerdo.

Este misterioso cliente no dice que los planners no sirvan para nada, sino que:

A) Un planner no es siempre necesario.

B) Grandes campañas  no han contado con la participación activa de ningún planner y no lo han echado de menos.

C)No todos los clientes necesitan que otros les recuerden la importancia de pensar en el consumidor.

Pues si. Completamente de acuerdo. A partir de ahí podemos debatir lo que queráis sobre qué porcentaje de los clientes son capaces de pensar de verdad en su público, o cuantas campañas no necesitan planners, pero nada de eso pone en entredicho el post de I Am The Client.

Es un error asignar un planner por defecto a cada cuenta. Ya que estamos, es un error asignar un numero predeterminado  y fijo de profesionales a una cuenta, pero centrémonos en los planners para no liarla más.

He trabajado en cuentas que necesitaban dos (o tres planners). He trabajado en cuentas que necesitaban cero planners. En el último caso he procurado quedarme discretamente al margen sin molestar mucho.

Esto es así porque el rol fundamental del planner es el de facilitador. Facilitar conocimiento, facilitar el desarrollo creativo, facilitar los encajes entre departamentos… en definitiva, facilitar el trabajo.

Uno no facilita nada opinando en todas las reuniones, ni aportando brillantes comentarios aquí y allí. Una presentación en PowerPoint no facilita las cosas. Uno facilita cuando es útil: cuando las opiniones aportan valor, cuando las presentaciones sintetizan ideas poco claras y permiten alinear procesos.

A veces se dice que los planners somos lubricantes de ideas. Recordemos que los lubricantes solo se usan cuando los medios naturales no dan resultado.