Por caprichos del destino, los seres humanos no somos capaces de ver el mundo en 4D, con lo que, cuando nos encontramos un objeto, solo podemos verlo tal y como es en ese momento, no como había sido antes.

Ya sé que la frase anterior es algo rara, intentaré aclararlo: ante un objeto dado, los humanos solo podemos imaginar cómo llegó hasta ahí y porqué es de esa manera. Sin nadie que estuviera ahí para contarlo, el origen y el desarrollo de algo solo puede ser inferido a posteriori. Y por lo tanto estas inferencias están sujetas a los límites de la imaginación del observador (imaginación en el sentido amplio, incluyendo los prejuicios, la cultura, la religión, la política, etc).

Un dos tres, responda otra vez, las pirámides. Se ha especulado hasta el infinito sobre su creación, básicamente porque nuestra cabecita actual no puede concebir que alguien tan atrasado como los antiguos egipcios dominaran la técnica y la tecnología necesaria para una empresa tan compleja. O el asesinato de JFK; según el momento histórico es un atentado comunista, después a conspiración de la mafia, después el acto de un loco, después un complot desde dentro del gobierno…

El problema en todos esos casos es el mismo: sin un testigo experto y fiable, solo podemos especular, es decir, solo podemos contar una historia sobre lo ocurrido (naturalmente, un testigo también cuenta una historia sobre lo sucedido, y asín hasta el infinito y más allá).

En el caso de las pirámides o del asesinato de JFK, el ser humano ha creado herramientas para objetivizar las historias, como por ejemplo la paleografía o la medicina forense. Ese tipo de cosas pueden ser objetivizables (esto es pueden contar una historia consistente sin necesidad de testigos) porque partimos de la base que lo ocurrido entonces era observable: Si pudiéramos volver al tiempo de las pirámides veríamos como lo hicieron, si tuviéramos el ángulo correcto de visión sabríamos quien mató a JFK. La ciencia intenta volver a ver lo que pasó, recrear de alguna manera el pasado y transformar al científico en nuevo testigo. En cada capítulo de CSI, el investigador se imagina dentro de la escena del crimen, resiguiendo la trayectoria de la bala o la huida del asesino.

Sin embargo, nuestra cultura no concibe el arte de la misma manera. Para nosotros, el arte no es algo que pasa fuera, que es observable, sino algo que pasa dentro, en la inspiración, la genialidad, la sensibilidad… De ahí que no tengamos ninguna ciencia del arte: ningún forense examinará Las Meninas para contarnos que inspiró a Velázquez, los objetos artísticos son creados de forma misteriosa, opaca, impenetrable.

Cuando Russel Davis dijo que la principal tarea del planner es ser la caja negra del creativo, estaba suscribiendo esa idea: los (buenos) creativos crean cosas interesantes, en lugar de limitar su trabajo, el (buen) planner debería explicar a posteriori el problema, de forma que encajara con la solución creativa.

Como eso no da mucho dinero, centenares de cursos, libros y demás artefactos han intentado enseñar creatividad. Diferentes artistas dan seminarios donde intentan explicar “de donde viene sus ideas”. Legiones de críticos buscan “penetrar en la mente del artista” para “sacar a la luz” su genio artístico; sus influencias, su estilo, etc.

Pero… ¿y si la creatividad fuera observable? ¿Y si el origen de un objeto artístico no dependiera de algo etéreo sino de algo mucho más concreto?

En este video, el director de la mítica película Tron revela el origen secreto del look de la película: ¿Un sueño que tuvo de pequeño? ¿Un homenaje al expresionismo alemán? Pues no, la peli era así, y las motos eran bidimensionales porque ese era el límite de polígonos que se podía recrear con la tecnología de la época.

Nada de arrebatos de inspiración a las tantas de la madrugada: el diseño de las motos ya estaba hecho, no se podía cambiar, pero no se podía renderizar en 3D. Pues se renderizó en casi-2D. Y así nació uno de las iconos visuales del los 80.

Empecé este articulo pensando en escribir sobre lo bueno que es pensar “dentro de la caja”, de cómo las limitaciones sacan lo mejor de uno. Pero me doy cuenta que he acabado escribiendo sobre la honestidad. El aura misteriosa del artista es muy sexy, pero a menudo falsa. Contar la verdad no suele enamorar, no es una buena historia, con su épica y su final feliz. La verdad suele ser mucho más cotidiana, producto del error, la casualidad, las prisas y los experimentos cruzando los dedos. Pero es la verdad. Y está ahí fuera.